El Rey Caballero
De pie, frente al féretro, abrumado por el perfume de las flores que ya se marchitaban, contempló por última vez el rostro de su padre, mientras los enterradores cerraban el ataúd. Su madrastra, la reina Isabel, acababa de retirarse tras un postrer saludo al cadáver yacente de su marido. No se sentía en absoluto preparado para hacerse cargo de ese avispero que le correspondía en herencia. -¿Cómo lo hizo, Álvaro? -Perdón ¿Cómo dice usted, Majestad? -¡Ah! Tú no, por favor, si alguna vez he necesitado no sentirme adulado, es hoy - suspiró- ¿Cómo lo hizo para mantenerse en el trono durante 19 años cuando nadie apostaba ni un real por él? Romanones reflexionó unos segundos. -Bueno, no es del todo cierto que nadie apostara por él. El marqués de Castillejos fue quien le trajo a España. Casi le costó la vida aquel día en la calle del Turco, pero siguió firme en su apuesta. Y la historia le ha dado la razón, sin duda -Ese viejo zorro... sí, sin duda le debemos todo a su astucia -Su familia...