El fin de un tiempo (II): Patriotas

 Mientras aquello ocurría en los Estados Unidos de América, en el resto del mundo se nos iban acumulando los problemas. La segunda ola de la pandemia del COVID-19 amenazaba con convertirse en un tsunami capaz de llevarse por delante los servicios sanitarios de todo el mundo. En España, en medio de nuestro habitual sainete político, llevábamos ya dos meses de medidas de contención extraordinarias: estados de alarma, toque de queda, cuarentenas, "confinamientos permietrales" -lo que toda la vida fueron cierres y bloqueos de ciudades y territorios, pero eufemísticamente adaptados a los tiempos de la oximorónica "nueva normalidad"- y, en definitiva, todo lo que pudiera servir para poner puertas al campo de la pandemia, mientras se intentaba por todos los medios no tomar medidas que pudieran asustar a los actores económicos en medio de la crisis económica que se estaba fraguando. Aunque ni España era la excepción, ni "crisis económica" le hacía justicia a la monstruosidad que se estaba gestando en el útero de la pandemia. Más adecuado hubiera sido decir que el suelo económico que daba sustento a todo nuestro mundo se estaba abriendo bajo nuestros pies.

Mientras en cada uno de los estados los tribunales iban determinando el progreso de los recuentos y revisiones del escrutinio de los resultados electorales, el Tribunal Supremo determinó la invalidez de varios recuentos y anuló los resultados de varios estados, ordenando un nuevo recuento bajo la premisa de evitar prácticas de fraude electoral, decisiones que eran enérgicamente contestadas por el bando perjudicado en cada caso, generalmente el Demócrata, dado que la mayoría republicana controlaba el Tribunal Supremo.

El mundo asistía perplejo al desbarajuste americano, y mientras el imperio exhibía impúdico sus vergüenzas ante la concurrencia mundial, no sólo se polarizaban los Estados Unidos, sino que toda la opinión pública mundial iba tomando partido. No quedó organización relevante a nivel internacional que no mojara pan en la salsa que Demócratas y Republicanos estaban cocinando en el caldero americano. Medios de comunicación y líderes de opinión en todo el mundo lanzaban sus invectivas y panegíricos. Locutores, tertulianos, periodistas e incluso clérigos se afanaban en atraer a sus respectivas parroquias hacia sus posiciones, convirtiendo la incipiente tragedia norteamericana en espectáculo de masas con doble ración de hooligans. Y así llegó la inolvidable navidad de 2020. Pese a las llamadas a la calma, pese al despliegue de policía y fuerzas de la Guardia Nacional en prácticamente todo el territorio de los Estados Unidos, los tiroteos y los atentados se convirtieron en el acompañamiento diario del mes de diciembre. Los centros comerciales que todavía permanecían abiertos, y que habían resistido los saqueos, se vaciaron completamente de público. Se suspendieron los espectáculos deportivos ante la imposibilidad de garantizar la seguridad. Los negocios de los sectores del ocio y la restauración, ya seriamente tocados por la pandemia del COVID-19, fueron cerrando sus puertas entre el temor al clima de violencia que se estaba fraguando y la desesperación por la pérdida de clientela.

El todavía presidente constitucional, y autoproclamado vencedor de las elecciones, decretó el toque de queda en toda la nación, y la movilización de todas las reservas de la Guardia Nacional, y el apoyo del ejército para mantener el orden en las calles. Y aquí llegó el primer punto de inflexión, cuando los gobernadores de varios estados, entre ellos California, Nueva York, Vermont, Illinois y Washington se negaron a aceptar el despliegue de fuerzas armadas ordenado por el presidente, y rechazaron la federalización de las milicias estatales, manteniéndolas bajo su control. Si por algo pasaron a la historia las navidades de 2020, aparte de por las menguadas celebraciones debidas a la pandemia, fue por la calma tensa del enfrentamiento entre los gobernadores rebeldes y el presidente americano. 

Ante la situación de inusitada tensión, la confusión en torno a la validez del voto, las sentencias contradictorias de los distintos estados y tribunales, y en general, el caos que siguió a las elecciones, a la llegada de la fecha en que el colegio electoral debía celebrar su votación, en varios estados no había acuerdo entre sus gobernadores y sus senados estatales sobre el voto en el colegio electoral, y en varios casos, en estados donde el gobernador y su senado estatal tenían colores distintos, la legislatura envió un voto, mientras que el gobernador envió un voto distinto. El resultado fue que, a la celebración de la votación del colegio electoral, no hubo un ganador claro, así que todos los votos fueron enviados al Congreso, cruzando los dedos para que una solución llegara en algún momento, porque tampoco los resultados de las elecciones legislativas estaban siendo una balsa de aceite.

Y así nos sorprendió el año 2021. Y si el 2020 había sido un año que la mayor parte de la humanidad hubiera querido olvidar, el nuevo año no parecía nacer con los mejores augurios posibles. Aún no habían transcurrido ni cinco días del nuevo año cuando un grupo paramilitar que se hacía llamar "American Patriot Militia", resultado de la unión de varios movimientos paramilitares previos, afirmó declarar la guerra a "la izquierda liberal, la degeneración moral y la destrucción de la nación americana". Aquello que sonaba a broma dejó de parecerlo cuando se empezó a hablar de desapariciones y comenzaron a aparecer cadáveres en vertederos, cunetas, o incluso colgados y mutilados, con mensajes amenazantes. Líderes de la lucha por los derechos civiles, activistas de organizaciones como Black Lives Matter, médicos abortistas, representantes de la comunidad islámica, homosexuales y transexuales... en sólo unas semanas, los Estados Unidos de América se habían convertido en un lugar extraño, peligroso y ajeno a cualquier respeto a los derechos humanos. Las casas y propiedades de varios artistas posicionados a favor del partido Demócrata fueron incendiadas, e incluso se atentó contra políticos demócratas en Illinois, Michigan y Texas.

La consecuencia inmediata fue que, por el otro lado, también comenzaron a surgir grupos paramilitares: los grupos de Antifa, que ya habían protagonizado incidentes violentos en el pasado, se organizaron como una milicia paramilitar de ámbito nacional. Los grupos más radicales del entorno del movimiento Black Lives Matter se unieron a otros grupos violentos, formando las Black Militias. No tardaron en producirse batallas campales entre grupos de uno y otro bando.

Ante el escenario de violencia desatada, las distintas milicias estatales de la Guardia Nacional se vieron desbordadas. Además, en algunos casos, dependiendo del color del gobernador, las milicias de uno u otro bando actuaban con relativa impunidad, cuando no en connivencia con las tropas estatales. Ante la brutalidad de la situación, el todavía presidente solicitó al Senado la aprobación de la ley marcial en varios estados

Mientras tanto, en el infinito embrollo legal que enredaba todo el proceso electoral americano, la cámara de Representantes quedó bloqueada de facto, ante la gran cantidad de reclamaciones de fraude que impidió que casi la mitad de la cámara pudiera tomar posesión de su escaño. En el caso del Senado también se produjeron numerosas reclamaciones, pero dado que sólo un tercio de los senadores debían renovar su asiento, el bloqueo no fue tan paralizante. No obstante, sucedió lo nunca visto: llegó el mediodía del 20 de enero sin un sucesor designado a la presidencia de los Estados Unidos, lo que, en virtud del acta de sucesión forzaba la elección de un presidente interino, dado que la constitución americana no preveía la posibilidad de un vacío de poder. La Cámara de Representantes no pudo elegir un candidato, y la presidencia pro-tempore del Senado se negó a aceptar la designación. Así las cosas, la presidencia accidental recayó sobre Mike Pompeo, el secretario de Estado de Donald Trump, en tanto no se resolviera todo el litigio. Por delante le quedaba la difícil tarea de volver a meter el genio en la botella.

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