El fin de un tiempo (IV): El triunfo de Marte
Para el mundo fue un shock ver imágenes del ejército de los Estados Unidos bombardeando los cuarteles de la guardia nacional de Michigan. Para los estadounidenses fue un golpe devastador. Y reaccionaron de las más variadas maneras. Lo que, dadas las circunstancias, no tenía por qué ser bueno.
Vermont declaró inmediatamente su neutralidad. El gobernador, en un comunicado conjunto con sus representantes electos y senadores, de ambos grandes partidos y el independiente Sanders, declaró que el estado de Vermont acataría la decisión que fuera tomada por el Congreso y los tribunales, y aceptaría al presidente que jurase el cargo con arreglo a la ley, pero hasta ese momento, no se inclinaba por ninguno de los candidatos, ni se adhería a ningún bando. Acepta el nombramiento del presidente temporalmente designado, dado que así lo decretaba el derecho constitucional, pero dado el clima de enfrentamiento civil, el estado no intervendría a favor ni en contra de ninguno de los bandos, no ejercería acción alguna fuera de sus fronteras, ni aceptaría acción ni intromisión alguna de otro estado dentro de las mismas, al mismo tiempo que perseguiría por igual a cualquier grupo que quebrantase la paz, tuviera el posicionamiento político que tuviese.
Vermont fue el primero de los estados neutrales, pero su ejemplo fue pronto seguido por otros: Virginia Occidental y Delaware se comprometieron también en la más escrupulosa neutralidad. Maryland lo intentó, pero fue rápidamente ocupada por el norte desde Pensilvania y por el sur desde Virginia. En la costa oeste, Washingon y Oregon también proclamaron su neutralidad en los mismos términos que Vermont. De este modo se conformó la que se llamó "alianza de los cinco", o alianza neutral. Las reservas indias, por su parte, conformaron la "liga de las naciones originarias", y también se adhirieron a la neutralidad estricta dentro de sus limitadas fronteras y competencias.
Sin embargo, pese a estos ejemplos de cordura, la realidad de los Estados Unidos se fue hundiendo paulatinamente más y más en el caos. El ejército seguía, al menos en teoría, bajo el control del presidente de los Estados Unidos. A pesar de ello, los militares también eran ciudadanos, con sus propias ideas y vinculaciones, y ante la situación de descontrol, hubo deserciones masivas. Las dificultades que todo esto acarreó obligó a tomar la decisión de trasladar tropas desde el extranjero a territorio nacional. El presidente de los Estados Unidos pidió a los socios de la OTAN que se hicieran cargo de buena parte de las operaciones militares en el extranjero cuando tuvo que retirar las tropas americanas. En la práctica, eso supuso el abandono de la mayor parte de las operaciones militares en el extranjero, e incluso la clausura de bases militares.
Pero las deserciones seguían produciéndose. Las milicias irregulares aumentaban masivamente sus efectivos, en parte con civiles y en parte con militares fugados. Pronto, aparte de los cientos de millones de armas de uso civil que ya estaban en manos de la población, comenzaron a aparecer armas de uso militar procedentes de saqueos de instalaciones militares o facilitadas por desertores. A medida que la situación degeneraba, porciones del territorio cada vez mayores dejaban de estar bajo control efectivo del estado, y en ellas la autoridad era ejercida, con suerte, por policía y oficiales del sheriff, o en casos menos afortunados, por grupos paramilitares.
En los lugares en los que la estructura del estado se sostenía, las perspectivas tampoco eran halagüeñas. Desde el inicio de su particular descenso a la anarquía, la economía americana se había hundido a niveles nunca vistos. Tampoco en el resto del mundo la economía, que ya estaba tocada por la pandemia del COVID-19, tampoco iba mejor. Pronto todos los países comenzaron paulatinamente a abandonar sus "misiones en el exterior", y a concentrar sus tropas en sus respectivos territorios nacionales. El comercio internacional experimentó su mayor contracción desde la segunda guerra mundial. La crisis económica resultante de la suma de la pandemia y la incipiente guerra civil americana se había llevado por delante décadas de logros políticos económicos y diplomáticos.
Y no sólo eso: se había roto el equilibrio militar en un mundo en el que el mayor e incontestado polo de poder se ubicaba en el país que se hundía en la guerra civil y la anarquía. Y ya se sabe que los vacíos de poder son rápidamente llenados.
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